Con inigualable maestría, Vivian Gussin Paley nos introduce en el universo moral de los niños mientras va enhebrando historias que se juegan en el aula escolar. "Yo soy la escriba; ellos, los dramaturgos". "Déjenme que les cuente sobre un niño llamado Teddy, y otros niños, en una guardería de Londres. "Me invade una sensación de placer y optimismo, porque sé que mi audiencia va a escuchar una historia que les recordará quiénes fueron y qué pueden volver a ser. "Se darán cuenta, desde luego, de que también tienen historias de Teddy propias, aquellos momentos inesperados en los que fueron tes- tigos de un acto de bondad. Las voces crueles que nos rodean son fuertes y estridentes, y exigen nuestra total y absoluta atención. Mayor ra- zón, entonces, para oír el suave murmullo de la amistad y contar nues- tras historias edificantes, a pesar del estruendo. Nuestros relatos son faros que ayudan a iluminar el universo moral". "En la ciudad o en el campo, la vida es una historia en la cual, como creen los niños fervientemente, aparecemos bajo disfraces". "Si la necesidad de saber cómo se siente el otro es el soporte del uni- verso moral, entonces, tenían razón los sabios de la Antigüedad. Por- que, sin duda, esto es lo que sucede cuando los niños se asignan pape- les entre ellos para representar, en su continua búsqueda por conocer la naturaleza de las relaciones humanas" (Vivian Gussin Paley).

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