En Ética y Epistemología. Ser y hacer en la generación del conocimiento convergen voces de autores con un interés común por el conocimiento desde la investigación disciplinar. Se puede hablar de un ethos del hombre de ciencia que no de la ciencia en abstracto es decir, el individuo que indaga respuestas con y por distintos medios, a las interrogantes que surgen de su interrelación con la vida, la naturaleza y el cosmos. El sujeto que aprehende de la experiencia, abreva saberes varios de sus actos durante toda la vida en consonancia con la existencia propia y de los otros. Hay una correlación implícita entre ser y saber, como en su momento aquí se analiza desde la idea de ciencia en Platón. Los actos humanos en cuanto a sus implicaciones, motivaciones, consecuencias y valoraciones se abordan desde distintas perspectivas que, por tanto, muestran una parte del todo desde visiones que surgen de la experiencia y los hechos objetivos o bien de la abstracción y reflexión de fenómenos de diversa índole. Praxis que deriva, en primera instancia de la vida propia del ser humano que se experiencia en el encuentro, y distanciamiento a la vez, con las cosas y los hechos. Un principio empírico plantea precisamente que nada hay en el entendimiento humano que antes no haya pasado por los sentidos. Y parece lógico en tanto que lo percibido conforma una imagen o phantasia (cual huella en el barro, representación en la mente del hombre) conformada en el pensamiento como lo concibieron los primeros estoicos. Pero a su vez, y simultáneamente, volver a pensar y reflexionar sobre esa imagen que ya no está fuera sino dentro, en el recuerdo de lo percibido por los sentidos desde la experiencia, conduce a la razón (logos) que aprehende características y cualidades del objeto en cuestión. Toda vida humana hoy en día, en consecuencia con la cultura, el lenguaje y la civilización en su conjunto, entendida como la experiencia y saber acumulados de la existencia de la humanidad, se moviliza de la acción a la reflexión, de la práctica a la razón y viceversa. De ahí el planteamiento que la vida en sí misma, en los ámbitos individual, comunitario, grupal, institucional, económico, político y social posibilita experiencias y determinados tipos de saberes desde el del conocimiento ordinario, prosaico, incluso al científico, literario y poiético. Pero no es el tipo de saber común el que aquí se aborda, sino aquel conocimiento (episteme) que se distingue de la mera opinión (doxa). La idea tradicional de ciencia, y consecuentemente de verdad, es cuestionada de forma intensa y profunda. La manera de generar saberes es un camino que se multiplica en diversos senderos, todos ellos probables y viables pues nadie, en lo personal, grupal o disciplinar, se puede ostentar como el poseedor de la verdad última o primera . La relación entre los productos de la ciencia y la reflexión filosófica respecto a dicha producción, es la episteme o también llamada filosofía de la ciencia que tiene un sentido de praxis, dada la orientación de la acción de los hombres que investigan y hacen ciencia. Esto ha sido así en distintos momentos, donde el científico incluso, cuando analiza, discute y razona sus hallazgos y resultados, particularmente de aquello que estima conocer como algo inédito, está en una posición de reflexión filosófica sobre la verdad que cree aportar y en torno a la cual explica y/o comprende las relaciones de su objeto de estudio. No obstante lo anterior, los científicos dudan y toman distancia del saber filosófico porque este no se constriñe al paradigma del método científico.

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  • Limitaciones: Copiar y Pegar: Prohibido / Imprimir: Permitido
  • Editorial: HOMBRE Y MUNDO
  • Paginas: 229
  • Edición: 2010
  • Idioma: Español
  • ISBN 9786077718161

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