Hace ahora diez años, con motivo del cincuentenario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, nos preguntábamos si al comenzar el siglo veintiuno seguiría la familia humana atenazada a las lacras que habían marcado las peores épocas de la pasada centuria: pobreza, injusticia, intolerancia, oscurantismo, segregación racial, fundamentalismo religioso, totalitarismo político, crímenes de Estado y conflictos bélicos de todo tipo. La respuesta que puede darse en la actualidad no invita al optimismo, aunque algo se haya avanzado como se demuestra en el caso de la antigua Europa del Este, ya que todavía parece lejano el momento en que todos los estados de la tierra apuesten decididamente por lograr la libertad, la justicia y el bienestar de sus pueblos y hagan de la Declaración Universal de los Derechos Humanos la norma básica de convivencia con respeto a todas las particularidades derivadas de la condición humana. El 10 de diciembre de 1948 hace ahora sesenta años la Declaración Universal de los Derechos Humanos fue aprobada mayoritariamente por los países miembros de la ONU (cuarenta y ocho votos a favor, ocho abstenciones y dos ausencias), pero no pasó de ser una mera carta de intenciones que apelaba a la buena voluntad de los Estados para que se cumpliera en un momento especialmente crítico para la comunidad internacional. Por si esto fuera poco, el texto final de la Declaración Universal de los Derechos Humanos no recibió el apoyo de los países socialistas (la Unión Soviética con Ucrania y Bielorrusia , Polonia, Checoslovaquia y Yugoslavia), que se abstuvieron en bloque, y lo mismo hicieron la Unión Sudafricana y Arabia Saudí. En realidad, este comportamiento demostraba las auténticas intenciones del bloque comunista la URSS y sus satélites , pero también las intenciones de la Sudáfrica segregacionista y de la monarquía islámica saudita, en el campo de los derechos humanos: silenciarlos, despreciarlos y violarlos sistemáticamente. Sin embargo, con la pervivencia en este inicio del siglo veintiuno de sistemas fundamentados en la violencia política tales como el comunismo chino, aunque sin olvidarnos de otros que en la actualidad se nutren de la intolerancia étnica o religiosa del fundamentalismo islamista, por referirnos solo a los casos más conocidos, la aplicación generalizada de la Declaración Universal de los Derechos Humanos sigue siendo una utopía más que una realidad posible, como lo fue en el momento de su aprobación hace ahora sesenta años.

  • Formato: PDF
  • Protección: Adobe DRM
  • Limitaciones: Copiar y Pegar: Prohibido / Imprimir: Permitido
  • Editorial: U. VALLADOLID
  • Paginas: 352
  • Edición: 2009
  • Idioma: Español
  • ISBN 9788484485650

Ultimos vistos

El blog de boutique

La imprenta mayúscula para primeros lectores

Acompañar el desarrollo de las competencias de un primer lector implica considerar especialmente los disti.. Seguir Leyendo
Desarrollado integral del sitio: TAP