Cuando murió Alfred Diston, en 1861, aún sus plátanos canarios no ocupaban la mayor parte de la superficie agraria del Valle de La Orotava. Tal vez, si hubiese vivido para verlo, sus claros ojos de artista y su corazón emprendedor se hubiesen alegrado ante la nueva belleza de un paisaje geográfico que, desde mucho antes, había subyugado a isleños y foráneos. En cierto modo, fue su mejor acuarela que, como toda la isla de Tenerife, prendió tan firmemente en su espíritu que le convirtió, gracias a la atadura definitiva del amor y de la familia, en un hombre, un gran hombre, atrapado para siempre en un jardín.

  • Formato: PDF
  • Protección: Adobe DRM
  • Limitaciones: Copiar y Pegar: Prohibido / Imprimir: Prohibido
  • Editorial: IDEA
  • Paginas: 89
  • Edición: 2008
  • Idioma: Español
  • ISBN 9788483825440

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