La Sombra Prestada

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El presente libro, La sombra prestada , se compone de varios poemarios que suponen la confirmación de la plena madurez de Pedro. El primero, que da título al libro, traza un viaje a la memoria del desarraigo, en el que los recuerdos del poeta se confunden y se mezclan con las historias y vivencias de su padre, obligado por el hambre y las circunstancias a emigrar. El hombre, el viajero, personaje singular del drama, es así víctima de un éxodo hacia un norte incierto desde un sur que deja de ser lírico, evanescente, mitológico, para volverse ingrato y amargo. El latido del hambre, el rigor estacional, la dureza del paisaje, obligan a un viaje sin retorno. Viaje no geográfico donde el regreso imposible al lugar y al tiempo del que se parte es el principal protagonista. Y, claro está, el camino: viaje vital que es recreación lírica de las propias vivencias y de las experiencias, presentidas o intuidas, de su padre. El poemario se articula en dos partes claramente diferenciadas: una es la huida, el viaje; y la otra el refugio en el recuerdo, en la infancia, frente la perplejidad ante la muerte. Lo cierran tres poemas a modo de epitafio que bajo el título de "Lúteo" evocan a la figura que presta su sombra lírica al poeta. El poemario que sucede a "La sombra prestada", "Sin saber por qué", muestra al poeta abocado a la absoluta perplejidad de estar vivo. Como un quimérico Narciso, siente el pasmo de reconocerse en su propia imagen, rodeado un mundo arcano, inaprensible. Derrotado de antemano en su quimérico esfuerzo por explicarse la realidad, el poemario transita de lo material, de lo externo (política, religión, etc.) a lo espiritual, a la radical interioridad, enunciando preguntas cuya mera formulación contiene en si misma el germen de una capitulación irremediable. Continúa el libro con tres poemas "La vida", "La nostalgia" y "El miedo", que se constituyen en prólogo del otro gran poemario que compone el volumen: "Con ojos de perro". En su primera parte, la mirada humilla su perspectiva para ver el mundo a ras de suelo y deviene portavoz de una humanidad sometida, rebajada a la condición de perro. Pedro Luis Cano dota a sus perros de una sobrecogedora hondura humana, huyendo de lo panfletario hacia poemas donde no existe fractura entre lo social y lo lírico, hacia una denuncia rotunda, insobornable, integrada en una obra que tiene lo poético como eje incuestionable. La segunda parte del poemario tiene al sexo como hilo conductor. Un sexo que se vuelve cada vez más canalla y violento, pero que exige incontestablemente la complicidad del espíritu. Indivisibilidad de lo carnal y lo espiritual donde se el alma establece una definitiva relación mística con el cuerpo, se sumerge el yo poético en un éxtasis físico que es deslumbramiento y revelación, reconocimiento del yo por el cuerpo del otro. Aventura extrema del alma sumergida en el límite del cuerpo. El cante es el tema principal de la tercera parte del poemario, un cante a quien Pedro Luis Cano debe mucho de su poesía, en el que ha aprendido el abismarse a los recónditos paisajes del alma en busca de esa memoria colectiva donde aún palpita el asombro ante el hecho inexplicable de estar vivo. Como la del cantaor, la voz de Pedro canta hacia adentro, desde muchas memorias, y nos arrastra con ella a lo oscuro, a lo jondo , a los sonidos negros. La última parte del poemario se adentra en el oscuro territorio de lo existencial. La perspectiva vital de la voz fluye desde la primera a la tercera persona, pasando por un tú que nos interpela inmisericorde, recordándonos nuestras más íntimas miserias. Eximido de las obligaciones de un hilo narrativo, son estos poemas los más libres del poemario, que se cierra con "La muerte" (dedicado a todos), que paradójicamente abre una inmensa puerta a la esperanza. Si en su anterior libro Viaje al estanque de los peces dorados los mejores poemas los conseguía Pedro transformando su propio tiempo psíquico en material de sus poemas, en este la palabra poética se suspende más allá del tiempo (tal vez en el tiempo) y del recuerdo para con- formarse emancipada de su autor. La propia forma libera a la palabra de sus condicionantes, de toda referencia o predeterminación que constituyen sus lastres más pesados. El poema consigue así la asemiotización que presupone la libre manifestación de la palabra, su radical epifanía. El eco omnipresente de Gamoneda y, a través de él, de poetas como el Lorca de Poeta en nueva York o de Thomas Bernhard, resuenan en La sombra prestada, pero también Valente. Sin embargo, Pedro Luis Cano distingue las voces de los ecos y escucha solamente, entre las voces, una: su personalísimo verbo poético. En definitiva, es la de Cano una poesía esencial sin ser pobre, auténtica sin ser simple; una poesía que aísla la esencia y que transciende el recuerdo para sumergirse en la memoria ancestral; una palabra poética que desciende a las latentes reminiscencias de la humana materia para revelarnos aquello que ya no podemos recordar.

  • Formato: PDF
  • Protección: Adobe DRM
  • Limitaciones: Copiar y Pegar: Prohibido / Imprimir: Permitido
  • Editorial: PARALELO SUR
  • Paginas: 161
  • Edición: 2008
  • Idioma: Español
  • ISBN DDD0036910004

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