Antes Del Principio

MITOS Y LEYENDAS QUE CONTARON LOS GRIEGOS

Autor:

Libro digital

AR$: 22,89

Disponible solo en Argentina
Libro digital
Libro Papel

Cuando me convocaron para escribir un libro sobre los griegos, di un respingode felicidad. Aun más, cuando me sugirieron que los relatos tuvieran un toquede humor, me dije: ¡qué buena forma de rendir homenaje al espíritu de aquelpueblo!. ¿Por qué digo esto? Porque la cultura griega me ha cautivado desdemuy temprana edad y, en especial, sus mitos, que funcionan como una plataformade acercamiento a aquella antigua civilización. Conocer, explorar, comprenderlos mitos griegos es una actividad apasionante que nada tiene que ver con uncúmulo de datos muertos, como podrían ser las estatuas decoloradas por eltiempo, valiosas desde un punto de vista material y estético, pero aún másdesde un aspecto más sutil, si uno sabe remontarse con la imaginación ydevolverles vida: se abre un mundo maravilloso cuando, al contemplar unmonumento o leer un texto antiguo, uno recupera la montaña o el mar que fueronpaisaje viviente para los autores de ese monumento o aquel texto. Pensemos quehubo alguien --alguien con piel tibia, con ilusiones, con necesidades ymiedos, en fin, alguien bien vivo-- que ha concebido estas narraciones y quelas sensaciones y enseñanzas se estibaron, unas sobre otras sobre otras sobreotras, en lo más profundo de su alma, ¿no da vértigo considerarlo de estemodo? Hace ya algún tiempo --¡décadas, no centurias!--, mis padres me hicieronel mejor regalo que puede recibir quien vive respirando en la imaginación ysiente amor por los pueblos del pasado: los cinco tomos de Historia del mundo,de José Pijoan. No hace falta decir que los devoré con la voracidad delfamélico. Creo recordar que hasta me atraganté con alguna lanza o con algúntraidor reconocido o con alguna frase tan inextricable como la palabrainextricable. Creo que la lectura de aquellos libros me fortaleció y me sirviópara reconocer que nuestra generación --como toda generación-- es parte eneste devenir de pueblos y lanzas y frases inextricables. Pero mi alma quedó"clavada" en la lectura de uno de esos tomos: ¡ah, los griegos! Allí aprendíque aquellas magníficas estatuas, tan blancas las vemos como hoy, en realidad,habían tenido muchos colores, pues aquellos artistas representaban el tono dela piel, de los ojos, del cabello, de la ropa; y que todas esas obras de arteformaban parte del paisaje cotidiano de hombres, mujeres, niños… y perros,pajaritos, dioses, monstruos de mil caras, ninfas delicadas y cielosturquesas. ¡Ah, los griegos! Es decir que, en su tiempo, las estatuas, como lamisma cultura que las había creado, expresaron lo más vivo, lo más cargado dealma. Y esto constituyó un hallazgo, pues ya nunca más pude ver a los griegoscomo un mero pueblo del pasado, "en blanco y negro": repintaba con miimaginación, aquellos hombres y mujeres y ciudades que ya no estaban sobre latierra y, de esta forma, revivía la tersura de las pieles, imaginaba losmodelos que habían sido hombres vivos, que habían tenido calor, sentimientos,ideales. Aquel mundo del pasado se movía, estaba aún vivo: los griegos mehablaban, las diosas me miraban, ¡y esto me llenó de felicidad! Cierto díarecordé que, en el colegio, había tenido un compañero griego, a quien lamaestra que nos enseñaba geometría le pedía que escribiera letras griegas enel pizarrón: alfa, beta, gamma, delta… y sentía que se escribían sobre micorazón. Tiempo más tarde, cuando me escuché a mí mismo pronunciar mi primerapalabra en griego en el aula fría de una facultad, aquella misma sensación queme habían producido las primeras letras me asaltó. Comprendí entonces cuánimportante es el idioma de un pueblo pues, además del universo sonoro que nostrae el eco de sus voces, nos muestra una especie de radiografía de su alma:la estructura de sus oraciones, la manera de narrar, los matices designificados en una misma palabra, todo esto --y más, también-- nos muestra elmodo de concebir un mundo y de relacionarse con él. Por eso, luego de lostomos de historia de Pijoan, siguieron otras lecturas: la de los mitos, loscuentos de dioses, de ninfas, de héroes; lecturas de Ilíada y de Odisea, losHimnos homéricos, la fascinación por lo órfico; y también siguieron lostrágicos y los líricos, y la lengua griega clásica, y los filósofos y lascomedias… ¡Ay, ay, los griegos! En el caso específico de los mitos griegos, hacorrido mucha agua bajo el puente. Pero, ¿qué es un mito? En principio, si sepudiera explicar racionalmente el contenido de un mito original, dejaría deser mito y pasaría a ser otra cosa: psicoanálisis, filosofía, mitología,crítica literaria, antropología. Hay algo en el mito que participa delmisterio, de lo inefable, es decir, aquello que no se puede pronunciar, porquelas palabras humanas no alcanzarían a mostrar la verdad que se esconde en suinterior. Digamos, entonces, que podemos ver al mito desde el aspecto formal--es decir, literario-- y desde el aspecto de contenido --es decir, qué nosquiere decir--. En el primer caso, la mayoría de los investigadores está deacuerdo: un mito es un relato, un cuento, una narración. En este sentido, notiene la forma de un texto explicativo, lógico, sino que sigue las leyespropias del cuento. Pero, ¿cuento de qué tipo? Aquí es donde haydiscrepancias, las cuales, aunque menores, plantean diferencias visibles. Losmitos "puros" nos refieren a un orden anterior al actual: las luchas de losdioses formadores del cielo, de la tierra, del universo. Éste es un enfoquecosmogónico, útil para referir el origen o para responder la pregunta "¿cómollegamos aquí?". De aquí se desprende que, también, el mito tiene, en loprofundo, un sesgo patente de enfoque metafísico y místico, es decir,religioso. Algunos aseguran que otra de las funciones del mito es armonizar alindividuo con el orden establecido: orden divino, social, individual. Desdeeste punto de vista, no todos los relatos en los que participan dioses y seressobrenaturales dan cuenta de un orden anterior al establecido, pues muchas sonnarraciones que tienen personajes definidos que luchan por superar unadificultad y cargan sobre sus hombros el peso de una historia ejemplar paralos que lo veneran. Esos personajes son los héroes y este tipo de relato es laleyenda, cuya característica más evidente es que se las toma como reales ocomo si hubieran vivido en el pasado. Tal vez, Heracles --Hércules, para losromanos-- es el héroe que más representa el ciclo de leyendas. Como sea --ypara salir de esta disquisición intelectual--, los mitos son cuentos antiguos,en cuyo centro hay un contenido en clave para el alma. No, no dije la menteracional a ultranza, dije el alma. No importa cuán "ilógicos" puedan ser desdela forma, no importa cuánta carga de fantasía vaya en el contenido, los mitosreflejan una realidad que sólo puede percibir la razón cuando se reconoceherramienta del espíritu y no, un fin. Algo de esto hay en la bella leyendatardía de Psique y Eros. Veamos: Un rey tenía tres hijas hermosas en edad decasamiento. Psique era la más bella de las tres, cuya hermosura extrahumanaatemorizaba a los pretendientes y, por eso, ella fue la única de sus hermanasque no pudo casarse. El rey desesperaba porque le quedó de solterona no, lamás fea, sino la más bella. Entonces consultó al oráculo, el cual, con laambigüedad habitual, sentenció algo así: Rey, viste a la joven de novia yllévala a la roca de un camino; un monstruo la convertirá en esposa. El reydebió resignarse pues, como no había un candidato mejor, decidió dársela enmatrimonio al monstruo.Cuando Psique, vestida de novia, estaba sobre la roca,llegó Céfiro, el viento suave del oeste, y la alzó por los aires. El vientodejó a Psique en un palacio más o menos oscuro. Psique comenzó a caminar porgalerías y pasajes, sólo conducida por voces --voces agudas, graves-- que leindicaban el camino: ahora ven para aquí, ahora ve para allí. De este modo,llegó a su habitación. Y allí, sobre el camastro, vio tendido un cuerpo sobreel que la escasa luz arrojaba sombras danzantes. Acuéstate, querida, le dijoese cuerpo que, por la voz, no parecía la de un monstruo, pues era dulce yamoroso. No redundaré en detalle, pero el lector sólo debería saber que Psiquey el presunto monstruo yacieron aquella noche. Y no sólo aquella noche, sinotodas las siguientes. Psique estaba encantada, sólo que debía esperar alatardecer para estar con su varón desconocido, pues alguna voz le habíaordenado que nunca preguntara qué hacía su compañero durante el día ni debíaaveriguar la identidad, si no quería perderlo para siempre. La muchacha aceptóesta condición. Un día, le pidió a su amante que le permitiera volver a ver ala familia. Céfiro la depositó en el mismo camino en el que la habíaencontrado la primera vez y Psique regresó a ver a su padre y sus hermanas.Éstas, que creían estar felices, sintieron envidia y le recomendaron a Psiqueque averiguara quién era el amante tan misterioso. Psique regresó a su palaciojusto a tiempo para recibir en el lecho a su visitante nocturno. Un poco mástarde, recordó las palabras de sus hermanas y le entró la comezón de la duda.Entonces acercó su lámpara para ver el rostro de quien la hacía tan feliz, yobservó con sorpresa que a su lado dormía un hermoso hombre con aspectoadolescente: ni más ni menos que Eros, el dios del amor. La curiosidad pudomás que la sorpresa, entonces Psique quiso acercarse más para admirar a aquelhermoso dios desnudo y, sin querer, una gota de cebo hirviente saltó de lalámpara hasta el brazo del querido. Eros despertó sobresaltado y al verenfrente los ojos de Psique que lo miraban con amor pero, también, con horror,el dios se fue volando y no lo vio más. El relato continúa, por supuesto; secomplica la trama, leemos el dolor de Psique porque ya no está al lado delAmor; Afrodita, diosa de la belleza y de la voluptuosidad, la hace su esclava,la martiriza, la hermosa doncella sufre. Psique desciende a los infiernos yrecibe de Perséfone, la reina del Hades, el Agua de Juvencia; y, una vez más,la curiosidad vence a la joven, quien cae dormida en un profundo sueño en elmomento en que abrió el frasco que le había dado la reina de los muertos. Erosno se queda atrás con el dolor, porque siente que su vida ya no puede ser lamisma después de conocer a Psique. Entonces el dios la despertó de un flechazoy le pidió a Zeus, el padre de los dioses, que lo autorizara a casarse conPsique, una mortal. Por eso, Psique, el alma, y Eros, el amor, están unidosdesde entonces. Y todos felices.El relato de Psique y Eros, en realidad, nopertenece a la tradición griega, pues es la creación de Apuleyo, un autorromano del siglo II d.C. Pero lo traje a este prólogo porque sirve muy bien deilustración de por qué, muchas veces, con el afán de "explicarlo" todo,perdemos el lazo con la sabiduría ancestral --y, por lo tanto, corremos elriesgo de quedarnos con una estatua descolorida y vetusta, la ruina de unaobra viviente--, si no regresamos al círculo vital con lo aprendido en elproceso. La razón es una parte de ese proceso, una parte bastante elevada, porcierto, y absolutamente necesaria, pero no, final. Digamos que, para disfrutarde estos relatos, es menester asociarse con un aspecto de la razón: lainteligencia. Y aquí es donde juega el humor, del que ya habíamos habladoantes. Por supuesto, no el humor de la burla. Puede haber humor obsceno,incluso chabacano pero, cuando hablamos de mitos, el destino de ese humor esde otra especie. El humor, en los relatos míticos que el lector tiene en susmanos, tiene la función de ser la llave que abre la puerta de la imaginaciónpara vivenciar aquel pasado mítico. Es decir que, de alguna manera, lo hacepresente, sirve para repintar las estatuas blancas para que los hombres deesta generación "leamos" lo sagrado y vivo de estas imágenes. Los griegossabían mucho de humor, por eso se prestan a ello y, desde la misma antigüedad,los griegos desarrollaron una visión sagrada y elevada a partir del humor. Sila mirada trágica --que también es griega-- hunde al hombre en lasprofundidades del misterio de la vida, la mirada del humor, la cómica, eleva aese hombre desde esas profundidades y lo lleva al cielo. Es sólo una imagenpoética, pero válida. Hay muchos testimonios de esto: las comedias y losdramas satíricos, que tenían como epicentro a dioses y héroes, pero paraarrancar risas a los espectadores y mostrarles de otro modo los misterios conlos que convivían. Las aventuras amorosas de Zeus, por ejemplo, o los celos desu esposa Hera, vistos con la mirada aguda del humor, pueden ser un vehículopara arribar a realidades espirituales de extremada altura --ya se decía en laEdad Media: ridendo dicere verum (¿hace falta traducir esta sentencia latina?)--. Para finalizar, sólo diré que, si este prólogo --que, como tal, tieneribetes discursivos más o menos racionales--, quiere acercar este texto allector y explicar los fundamentos de su redacción y del mito, entonces elmetálogo, al final del libro (al que, tal vez, podríamos haber llamadoantílogo), por sus características expresivas, ¿será vivencia de otra cosa? Loinvito a este viaje por los mundos antiguos y por el reino de la verdad"musitada al oído". Que los dioses lo acompañen, lector.

  • Formato: EPUB
  • Protección: Adobe DRM
  • Limitaciones: Compartir: Permitido según las limitaciones (6 Dispositivos)
  • Editorial: EBOOK ARGENTINO
  • Edición: 2012
  • Idioma: Español
  • Alto: 5 mm
  • Ancho: 130 mm
  • Largo: 198 mm
  • ISBN 9789871021857

Acerca del autor Pytrell, Ariel

Ariel Pytrell nació en 1964 en Avellaneda,y su infancia y adolescencia la desarrolló en Quilmes; es decir que sus primeros años llevan la impronta de la región sur del Gran Buenos Aires. Desde niño mostró su inclinación por la literatura y las artes performativas. Dos hechos culturales en 1979 ?con poca distancia temporal entre ellos? signarán su camino artístico: la lectura de J.R.R. Tolkien y el descubrimiento del mundo helénico antiguo, a través del que conectará con el origen del teatro y la mitología. Su formación es ecléctica. Estudió actuación en distintas escuelas y con diversos maestros: Rodolfo Rossi (Centro Cultural «L. Fourvell Rigolleau», Berazategui, 1980), Instituto FAMA (Buenos Aires, 1983), I.F.T. (Buenos Aires, 1985), Hugo Marín (tragedia clásica y neoclásica, Buenos Aires, 1985). Tomó clases de dirección y puesta en escena en la Escuela Municipal de Arte Dramático, EMAD (Buenos Aires, 1991) y en el Instituto Universitario Nacional de Arte, IUNA (Buenos Aires, 2000). También se formó como director y productor de cine y TV en Buenos Aires Comunicación, BAC (2002). En dramaturgia y guión de cine y TV, tuvo maestros como Tatiana Mereñuk (2003) y el Lic. Pablo Gaiano (2006). Desde 1993, comienza a estudiar Griego Antiguo como oyente en la Facultad de Filosofía y Letras (Universidad de Buenos Aires) y, a partir de 2007, es estudiante de la carrera de Licenciatura en Letras (con especialidad en Clásicas) de dicha universidad. En 2003, entró a estudiar la carrera de corector literario en el Instituto «Eduardo Mallea» (Buenos Aires). Ariel Pytrell es escritor multifacético: poesía, dramaturgia, ensayo, narrativa; redactor publicitario y comunicador. También es director de teatro y formador de actores.

Ultimos vistos

El blog de boutique

La imprenta mayúscula para primeros lectores

Acompañar el desarrollo de las competencias de un primer lector implica considerar especialmente los disti.. Seguir Leyendo
Desarrollado integral del sitio: TAP