Tradicionalmente se ha considerado a la persona a partir de tres dimensiones: la biológica, la psicológica y la social. A fin de considerar a la persona plenamente, se debería incorporar también la dimensión espiritual, que es la que está relacionada con la búsqueda de sentido, con la posibilidad de dar un valor profundo a la vida, a las propias acciones y decisiones. La espiritualidad es previa a la religiosidad, y no se reduce a ella. Tener presente la dimensión espiritual del otro puede ayudar a los profesionales a poner los retos de los usuarios en contacto con el significado profundo de su vida. Es importante poder detectar cuáles son las fortalezas y los recursos propios de la persona de cara a un acompañamiento óptimo, así como para un buen proceso de resiliencia. Los educadores sociales, deberían poder tener un punto de vista global del individuo que tienen delante, incluyendo su espiritualidad.

  • Formato: PDF
  • Protección: Adobe DRM
  • Limitaciones: Compartir: Permitido según las limitaciones (6 Dispositivos)
  • Editorial: EDITORIAL UOC, S.L.
  • Edición: 2014
  • Idioma: Español
  • ISBN 9788490640548

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