EL 16 DE SEPTIEMBRE DE 2010, José María Mínguez pronunció la lección inaugural del curso académico 2010-2011 de la Universidad de Salamanca. Una lección que, con el título «La Historia y el historiador, ante la sociedad», hacía un repaso a la evolución de la historia como disciplina cientí?ca y al papel de los historiadores y su compromiso con la sociedad de nuestros días. Reivindicaba en su discurso la honestidad del historiador, que no debe plegarse dócilmente a los dictados de los que ostentan o detentan el poder para encontrar mayor reconocimiento social, sino que, desde la propia ideología, debería construir un discurso que invite a la sociedad a repensar el pasado desde la sana costumbre de la crítica documental y empleando una metodología cientí?ca sólida aplicada a la construcción de la Historia que deje al margen cualquier posibilidad de una historia manipulada. Denunciaba también la historia que se hacía respondiendo sólo a los intereses de quienes están en el ejercicio del poder o al vano in?ujo de las modas que, en la mayoría de las ocasiones, reducen la historia a la categoría de anécdota, perdiendo profundidad en los planteamientos que deben explicar la realidad social de la humanidad en su conjunto con el hombre como sujeto histórico. Para ello, José María Mínguez utilizaba sus vivencias personales en su paso por la vida universitaria, resaltando su paso por la universidad salmantina, que le vio formarse como licenciado y doctor y a la que regresó para proseguir su labor como investigador y docente ya en los inicios de los años 80. Ese acto protocolario se produjo apenas quince días antes de aquel otro que marcaba su tránsito a la condición administrativa de jubilado, momento en el que, más desde la amistad que desde el celo profesional, se gestó la idea de editar y publicar un libro que sirviera de homenaje a su trayectoria en las aulas universitarias. El área de Historia Medieval de la Universidad de Salamanca acogió con interés la iniciativa y en su seno se articuló un proyecto de publicación que iba a estar abierto a todos sus miembros y que además quería contar con la participación de investigadores que hubieran estado vinculados a José María Mínguez, no sólo por los lazos de la ciencia, sino también de la amistad. Pablo de la Cruz Díaz, del área con?nante de Historia Antigua, Fernando Luis Corral e Iñaki Martín hemos sido los que, como editores, hemos abordado la tarea de coordinar los esfuerzos de todos para llevar a buen puerto el libro que hoy presentamos. Una de las tareas más difíciles que ha habido que enfrentar fue la selección de los autores que han participado en este volumen ya que, aunque el listado de posibles participantes era muy amplio, éste se veía sometido a las exigencias de ?nanciación de la empresa, lo que, muy a nuestro pesar, obligó a limitar el número de participantes. Todos aquellos a los que se hizo partícipes de nuestra iniciativa quisieron formar parte de ella. Es verdad también que, por diversas razones e imponderables, algunos de los participantes inicialmente previstos al ?nal no han podido contribuir con una colaboración escrita, como hubiera sido su deseo, pero todos ellos y otros que tuvieron noticia de este homenaje han querido sumarse a él, al menos de forma nominal, para que quede constancia de su cariño a José María Mínguez. El homenaje a través de este libro nos parece más que justi?cado. Primero, por su honesta dedicación a la docencia transmitiendo su conocimiento de la Edad Media a las diferentes promociones de estudiantes que han pasado por sus clases. Unas lecciones de historia medieval que todos aquellos que hemos sido sus alumnos, sobre todo en los años en que los planes de estudio permitían un número pequeño de estudiantes por aula, recordamos con cariño. Era admirable ver cómo, en las primeras horas de la mañana, José María era capaz de insu?arnos ánimo para poner interés en el origen de las comunidades de aldea y cómo siempre estaba abierto al debate de las ideas que nos transmitía. Y esto creemos que es importante resaltarlo y que dice mucho de su magisterio, porque sus clases no se limitaban al aburrido dictado de los conocimientos contenidos en los manuales al uso, sino que nos hacía partícipes de su propia interpretación de la Historia Medieval poniendo delante de nosotros las ideas con las que él estaba trabajando para sus publicaciones. Además, José María Mínguez forma parte del selecto grupo de investigadores que ha contribuido con sus trabajos al intenso debate sobre el feudalismo hispano, matizando las teorías de los profesores Abilio Barbero y Marcelo Vigil y superando de?nitivamente los planteamientos marcadamente institucionalistas de Claudio Sánchez-Albornoz que gran parte de los medievalistas, dentro y fuera de nuestras fronteras, habían mantenido hasta entonces. Fruto de estas re?exiones nacieron obras de alta divulgación como La Reconquista o Las sociedades feudales que, más tarde, haciendo un estimable ejercicio de auto-revisión de sus propios planteamientos sobre el origen y desarrollo de la sociedad altomedieval y plenomedieval hispana dio origen a La España de los siglos VI al XIII. También su contribución al estudio de los resortes del poder en la sociedad de la Alta Edad Media del noroeste peninsular, trabajando en equipo a través de sucesivos proyectos de investigación con investigadores de las universidades de Santiago de Compostela y Oviedo, entre otras, ha sido muy fructífero y ha ayudado a un conocimiento mucho más detallado de la sociedad asturleonesa. No sólo han sido estas dos vías principales de su investigación las únicas que cabría resaltar. Sus trabajos han abarcado también otras temáticas e incluso otros periodos más tardíos, siendo uno de ellos, guiado por su pasión sobre los procesos de cambio social y político, el que le llevó a abordar un estudio sobre Alfonso VI que rebosó con creces el planteamiento de mera biografía para convertirse en un estudio del reinado del conquistador de Toledo que se ha convertido en un referente para los estudiosos del periodo. Todo este trabajo de investigación, que ha sido completado con seminarios y conferencias en otros centros universitarios nacionales e internacionales a lo largo de su dilatada vida profesional, ha sido posible por la pasión que se reconocía en su mirada a la hora de transmitir todo ese conocimiento que ha ido atesorando tras la investigación pausada. Una pasión que era capaz de transmitir de igual manera ya fuera el auditorio una reunión de insignes medievalistas, sus alumnos de los diferentes cursos en los que enseñó o el público a?cionado a la historia que se acercaba a escucharle en sus conferencias a veces en rincones insospechados de nuestra geografía, como Tamarón o Riocabado. Además de pasión, paciencia. La que demostró siempre para escuchar a los estudiantes en las tutorías y, sobre todo, la que exhibió en la dirección de tesis doctorales, guiando a sus doctorandos en el camino de la investigación, senda en la que algunos además pudimos encontrar no sólo a un gran maestro, sino también a un gran amigo que nos empujaba a seguir adelante a pesar de nuestros desfallecimientos. Los trabajos que ahora se presentan en este volumen bajo el título El historiador y la sociedad abarcan un amplio espectro cronológico y temático, no han pretendido construir una monografía sobre un campo de interés, son tan variados como lo han sido y siguen siendo las inquietudes y la enorme curiosidad intelectual de José María Mínguez, se ha reunido con el objetivo de rendir un sincero homenaje a su labor como docente e investigador, como maestro, pero, sobre todo, tratan de mostrar el cariño y la amistad que los que hemos participado con una contribución, y todos los que llamaron o escribieron para sumarse al mismo, le queremos mostrar. PABLO C. DÍAZ; FERNANDO LUIS CORRAL; IÑAKI MARTÍN VISO Salamanca, 14 de junio de 2012

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  • Editorial: UNIVERSIDAD DE SALAMANCA
  • Edición: 2013
  • Idioma: Español
  • ISBN 9788490122143

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