Lo falso y lo original conviven en desigual pero en continua relación desde los orígenes de nuestra cultura. En cierto modo, mantienen una relación de dependencia parecida a la del otro con el yo, o similar a encontrarse ante un juego de espejos. Durante muchos años, hacia lo considerado literatura falsa, se ha tenido una mirada negativa que la asimilaba al delito, de modo que términos como plagio, falsificación, fraude y otros tienen principalmente acepción legal, y desde esta perspectiva se han hecho bastantes acercamientos a una realidad compleja cuyo territorio resulta difícil delimitar y nombrar. Pero esta acepción criminal –que la rela- ciona con otros fraudes, como los de la industria alimentaria, la moda, etc.– es fácil de comprender, no solo por lo que las falsificaciones literarias suponen de engaño al lector / consumidor, sino también por las implicaciones que en otros tiempos tuvieron, al servir para legitimar derechos sobre tierras, propiedades y cobros de impuestos que, en puridad, no tenía quien mandaba falsificar o contrahacer documentos y testimo- nios. Las genealogías, las historias de las ciudades, las de las iglesias locales, abundan en este tipo de falsa literatura, dirigida a asegurar un orden político, económico y de poder.

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  • Editorial: UNIVERSIDAD DE SALAMANCA
  • Edición: 2011
  • Idioma: Español
  • ISBN 9788490120323

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