No sé si alguna vez se podrá calcular a cuántas personas les ha destrozado la vida ETA en sus cincuenta años de historia. Asesinados, secuestrados, extorsionados, familias y entornos marcados por una experiencia brutal de pérdida, chantaje, presión, miedo, falta de libertad... Miles de vascos han soportado además restricciones de las libertades individuales, incluido poder optar en pie de igualdad por cualquier opción política, teniendo que pasar a engrosar el grupo de los condenados al silencio: prohibido identificarse no ya como enemigos del nacionalismo-independentismo ante el riesgo de ser marcado como enemigo, sino simplemente como pacifistas. Muchos de los imprudentes que expusieron argumentos éticos, políticos, históricos, sociológicos o simplemente humanitarios, con su pluma o con su voz, en medios de comunicación, en libros o a través de organizaciones cívicas contra ETA, acabaron teniendo que optar por el exilio para preservar su vida, por la tranquilidad de su familia, por no tener que arrastrar siempre la sombra de los escoltas o para librarse de un clima irrespirable. De algunos de ellos nos ocupamos en este libro sobre exiliados por razones intelectuales. Profesores, jueces y periodistas que, aun viviendo en un país donde rige el Estado de derecho, no han podido decidir dónde vivir, dónde ejercer su profesión o han modificado sus vidas en una especie de exilio interior o forzado. Adiós a su casa, al centro de trabajo, a los contactos cotidianos con la familia, a los amigos, a los equipos de trabajo, a esas rutinas que van configurando esa peculiar comodidad del hábitat que significa mi casa, mi ambiente, mis paisajes, mi clima... Yo misma reunía la condición de profesora de Universidad, periodista y exiliada... Este libro nace de la decisión de muchas personas e instituciones para que se recogiera el testimonio de profesionales intelectuales exiliados y éstos pasaran a engrosar la memoria de las huellas que ETA ha dejado con su violencia. No son todos los distinguidos con la marca de ETA, designándolos primero como enemigos del pueblo vasco e incluyéndolos después en la lista de ajusticiables. En los informes de la Ertzaintza (la lista puede ampliarse con datos de la Policía Nacional), en estas listas, llegaron a figurar 65 profesores y 326 periodistas. A la policía vasca le constan 20 dosieres sobre profesores y 80 sobre periodistas en los que aparecen seguimientos e informaciones que denotan la preparación de los posibles atentados.El trabajo de documentación se acometió en 2010, cuando ETA aún estaba lejos de anunciar el cese de sus «acciones armadas». Por eso, cuando los profesores de la Universidad del País Vasco Mikel Azurmendi, Mikel Iriondo, Carlos Fernández de Casadevante, Gotzone Mora, Edurne Uriarte, Manu Montero, Francisco Llera y los periodistas José María Calleja, Aurora Intxausti, Carmen Gurrutxaga, Charo y José Antonio Zarzalejos y Pedro Briongos fueron entrevistados aún hablaban en presente sobre la situación de Euskadi que había producido su exilio. Únicamente Francisco Llera respondió al cuestionario conocido ya el cese de la violencia de ETA.

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  • Editorial: ALMUZARA
  • Edición: 2014
  • Idioma: Español
  • ISBN 9788416100125

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