Existe cierto consenso con respecto a que la debilidad del Estado está asociada con su capacidad y disposición para cumplir funciones esenciales como el suministro de bienes y servicios públicos. No obstante, determinar si un Estado es débil o si está en proceso de debilitamiento solo sobre la base del grado de cumplimiento en la entrega de esos bienes y servicios resulta insuficiente puesto que habría que considerar las razones por las cuales se producen tales incumplimientos, esto es, si se debe a una falta de capacidad y/o falta de voluntad propia de los Gobiernos, o si obedece a una falta de capacidad y disposición ciudadana o tal vez a la conjugación de ambos elementos, o incluso si se debe a una sobrecarga de funciones del Estado. ¿Exigimos al Estado más bienes y servicios de los que necesitamos o de los que somos capaces de producir y financiar?, o ¿es que acaso los recursos que los ciudadanos estamos entregando a los Estados producto de nuestro ingenio, esfuerzo y trabajo están siendo secuestrados para fines distintos a los acordados?, ¿es el Estado el incapaz, o acaso lo son los Gobiernos, o los ciudadanos, o ambos? La tendencia a pensar que el Estado, más que crear las condiciones para lograr el bienestar común, tiene la obligación de cubrir y gestionar todos los bienes y servicios básicos para vivir (mínimos de justicia) así como también todos los necesarios para vivir mejor y que tienen su origen en el apetito, la fantasía y el sentir de cada quien (más allá de los mínimos de justicia); es lo que está determinando la debilidad del Estado y el surgimiento y propagación del Estado Secuestrador, no solo en el Sur sino también en el Norte Global.

  • Formato: PDF
  • Editorial: BUBOK PUBLISHING
  • Edición: 2016
  • Idioma: Español
  • ISBN 9788468665153

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