En la múltiple y variada obra de Cortázar, publicada en vida del autor durante casi cincuenta años y completada con escritos póstumos, Graciela Maturo encuentra los signos más elocuentes de un perfil espiritual que elige expresarse lúdicamente. Juegos, infinitos juegos, encauzan la expresión intensa y polimórfica del escritor argentino, que inserta su obra en el juego más amplio de la realidad, eludiendo el inmanentismo estético de la literatura. Sus juegos confluyen, en definitiva, en una apuesta de vida: la búsqueda del cielo de la rayuela, la resolución de los opuestos, la obtención del satori; de todos esos modos puede nombrarse y es nombrada su búsqueda y su realización trascendental.  Esta obra rescata también otras facetas del Cortázar: su sensibilidad social, su compromiso ético-político, su preocupación por el destino de su patria y por América Latina, a la cual se sintió tan ligado en los últimos veinte años de su vida.

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