Agustín tiene siete años y está de vacaciones en la casa de su abuela. Serán las últimas de su infancia, porque ese verano muere su hermana casi adolescente. Una muerte incomprensible, de la que no se habla. Agustín comienza a transitar como puede una rutina signada por la soledad, el abandono, el descuido. El hallazgo de tres casetes grabados de la hermana marca un punto de inflexión en su adolescencia: con la música, la historia cambia. Los años noventa son el escenario propicio para esta conmovedora novela de aprendizaje.

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