Entre 1943 y 1946, el movimiento obrero y el naciente peronismo establecieron un vínculo que habría de ser perdurable. Según propone Hugo del Campo, los dirigentes sindicales tuvieron en esa etapa un papel activo y primordial, dialogando con un Perón con escasa experiencia en el terreno laboral, aunque esperaba colectar allí gran apoyo. Los dirigentes sindicales nutrieron la nueva coalición con ideas, programa y lenguaje elaborados tras una larga experiencia. Había en ellos confianza en la organización sindical y desconfianza de los partidos políticos "obreros"; vocación por las reformas graduales y voluntad de apelar al Estado para realizarlas. Los objetivos de Perón eran algo diferentes, pues planeaba integrar los sindicatos en una coalición política y social más amplia, en la que tendrían cabida los empresarios, las Fuerzas Armadas y la Iglesia. Sin embargo, ninguna de las partes logró lo que se proponía, y el peronismo terminó por resultar un híbrido inédito: un movimiento de base popular dirigido por un militar populista. Escrito en 1981 y editado en 1983, antes del fin de la última dictadura militar, Sindicalismo y peronismo: Los comienzos de un vínculo perdurable se ha convertido en un clásico. Para esta edición el autor ha revisado el texto original y ha agregado un prólogo en el que ubica su libro en el contexto de la producción historiográfica de los últimos veinte años.

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