En los años de 1920, Buenos Aires crecía y prosperaba. Cada día los tranvías acercaban al centro a los vecinos de los nuevos barrios. Allí se concentraban las oficinas, los comercios y el entretenimiento: los cafés, los cines, los restaurantes, los cabarés y prostíbulos, y también los teatros, que eran muchos y muy concurridos. Gente de teatro reconstruye el mundo del pujante espectáculo teatral porteño de entonces: las compañías, los empresarios, los actores populares -una verdadera fábrica teatral, destinada a un público variado, donde alternaban familias que hacían su salida semanal con empleados que escapaban de su trabajo para asistir a una matiné.

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