En este libro fundamental y polémico, el historiador norteamericano Edmund Morgan se propone dilucidar una de las cuestiones centrales de la cultura política de los Estados Unidos: la relación entre la esclavitud, la libertad y el racismo. Pone así en evidencia los límites de la libertad en un país que nació a la vida independiente negándole ese derecho a gran parte de su población. El autor encuentra la génesis del problema en el pasado colonial de Virginia, la más antigua y rica colonia inglesa en América del Norte, donde el cultivo del tabaco en grandes plantaciones sometió a sirvientes blancos y a esclavos africanos al mismo régimen opresivo. La primera reacción colectiva contra este régimen provino de los blancos pobres, quienes en 1676 encabezaron una violenta rebelión. Posteriormente, la ampliación del número de esclavos permitió reemplazar a los sirvientes blancos en las plantaciones. Entonces, el racismo -basado en la arrogancia y fa autoimpuesta superioridad racial de los ingleses emergió como la ideología política unificadora de las élites y los blancos pobres para garantizar la paz social. A la esclavitud africana se opuso, desde comienzos del siglo XVIII, la libertad de los blancos, miembros exclusivos y solidarios de una república racialmente homogénea. Para Morgan esta solución política inaugurada por la élite de Virginia madurará en el siglo XIX, en el racismo popular, que subsistirá en los Estados Unidos hasta mediados del siglo XX.

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