Aunque el apellido no lo atestigüe, los Sevilla Mendoza son una familia sarda. Desde siempre. Y sin perjuicio del carácter de sus predecesores, el grupo actual presenta todos los ribetes de una desopilante disfuncionalidad. Un padre casi ausente, que sueña con vivir en América del Sur; una madre temerosa, que se aterra hasta del brillo de las estrellas; una tía que no consigue esposo y a la que le sobran novios; una abuela que no para de preocuparse y quejarse; un hijo que no ve la hora de huir; una hija que se pregunta sin desmayo por el misterio del amor y que encuentra provisorias respuestas en un erotismo desenfrenado. Una hija que es también la narradora de Mientras duerme el tiburón, y que hilvana las historias familiares con pericia y humor, y que, como aclara en la primera página, escribe "porque cuando este mundo no me gusta, me transporto al mío y me siento muy bien". Pero no sólo por eso, se puede conjeturar. Busca en la vida de los otros la clave para encontrar el camino de la felicidad, relata esas historias para diferenciarse y comprender quien es, vive la alegría y el drama ajenos con una pasión que brevemente le permite descansar de sus urgencias y de la sombra indolente de su madre. Con mano maestra, Milena Agus ha escrito una novela inolvidable, intensa y risueña, a ratos dramática, siempre irresistiblemente vital. Con personajes quijotescos, que pelean sin pausa por alcanzar sus deseos, con una aguda sensibilidad para captar el ansia que los motiva y las debilidades que les impide alcanzarlos.

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