Leibniz había sostenido que este mundo, sin ser perfecto, era el mejor posible. Schopenhauer opinó, en cambio, que era el peor posible. Estamos encadenados a desear sin límite y a sufrir inevitablemente. El deseo, si eventualmente se satisface, nos hunde en el tedio, en el hastío, y si no se satisface nos arroja a la frustración. La voluntad sólo quiere su propio querer y cuando nosotros creemos querer algo, ese objeto deseado es sólo la zanahoria que la voluntad nos pone para que corramos tras ella. Hay, sin embargo, un camino de redención que pasa por la contemplación estética, en cuanto ésta es desinteresada y aquieta, aunque sea por un instante, el querer incesante que somos. Pasa también por el ascetismo, en cuanto es una disciplina que nos permite desenamorarnos de la vida, alcanzar el mayor grado posible de desapego. Y pasa, finalmente, por la piedad sin límites, es decir, la compasión, que sufre con todo ser y se hace cargo de todo el dolor del mundo. La meta de este camino de redención es lo que Schopenhauer, recordando a su manera al hinduísmo y al budismo, llamó "nirvana" o también "noluntad", como la aniquilación en nosotros de todo querer, como un estado de no-querer, de auto-nihilización (que nunca debe confundirse con cierta vocación suicida, en el fondo siempre afirmativa).

  • Editorial: PROMETEO
  • Edición: 2013
  • Idioma: Español
  • ISBN 9789875744882

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