¿Quién no ha imaginado alguna vez la experiencia de ver animarse las imágenes fijadas para siempre en un cuadro o una estatua y sentirlas ingresar en el tiempo y el espacio cotidiano? Toda la fantasía, todo el saber de Manuel Mujica Lainez se movilizan para hacer posible esta experiencia, de la cual participa el lector con asombro y deleite. De noche, en el Museo del Prado, los personajes de las pinturas y las estatuas abandonan sus telas y sus pedestales e inician aventuras que, con risueña maravilla, reiteran las peripecias del vivir: alegrías, tristezas, exaltaciones.

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