"Dado que todas las facultades del alma dependen de la organización misma del cerebro y de todo el cuerpo, a tal punto que no son evidentemente otra cosa sino esta organización misma, ¡he aquí una máquina bien iluminada! Pues aun cuando sólo el hombre hubiera recibido en herencia la ley natural, ¿sería menos, por eso, una máquina? [...] Puesto que el pensamiento se desarrolla evidentemente con los órganos, ¿por qué la materia de la cual éstos están hechos no podría ser capaz de experimentar remordimientos, siendo que puede adquirir, con el tiempo, la facultad misma de sentir? El alma no es, por consiguiente, más que una palabra vana, de la que no se tiene idea alguna y de la que una mente sólida no debe servirse más que para nombrar aquella parte que en nosotros piensa. Una vez establecido el principio mínimo de movimiento, los cuerpos animados tienen todo cuanto les hace falta para moverse, sentir, pensar, arrepentirse y, en una palabra, para guiarse en lo físico y en lo moral."

Acerca del autor Offray de La Mettrie, Julian

Médico y filósofo, Julien Offray de La Mettrie (1709-1751) fue un exponente mayor del neoepicureísmo materialista del siglo XVIII y su pensamiento una anomalía salvaje en pleno siglo de Las Luces. Crítico del cartesianismo, heredero del atomismo antiguo y de la tradición libertina moderna, obtuvo la unánime denostación de todas las corrientes filosóficas de su tiempo, no sólo por la radicalidad de su mecanicismo, sino también por una ética que afirma el placer sensible como sabiduría de vida y la búsqueda de la felicidad individual como condición de una sociedad emancipada de los terrores teológicos y políticos. Viejo motivo de la "escuela del jardín", la voluptuosidad abandona con La Mettrie su clandestinidad filosófica para constituirse en la piedra de toque de una educación sentimental orientada siempre por la libertad y la meditación de la vida, a resguardo de las retóricas tanáticas que alberga la moral tradicional. Según el autor del Discurso sobre la felicidad, la filosofía revela el ideal ascético y el poder espectral que los remordimientos ejercen sobre las conciencias como puros dispositivos sacrificiales inventados por las religiones.

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