Para Jean-Luc Lagarce, el problema no es el contar historias, sino el saber (el buscar) cómo escribirlas. En este sentido, la evolución de su relación con la lengua a lo largo del tiempo es de una gran coherencia. Su obra está recorrida por una línea directriz muy neta en lo que concierne a la manera de contar el mundo de hoy, de escribir sobre él. Y esa línea va de una punta a la otra, jamás se desvía, hasta llegar en las últimas obras a lo que puede considerarse la madurez de su estilo. Algunos textos son logros formidables, en el plano literario, pero son solamente etapas de un trabajo sobre la lengua que continúa hasta el final. F B

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