«He querido explicar que tengo mil orejas diminutas regadas por todo el cuerpo [?] que una mano rozándome la espalda grita que me quiere [?]». Una persona sorda no es aquella que no puede oír. Una persona sorda es, en realidad, la que no quiere oír; la que no se esfuerza en comunicarse, en hacerse entender, la que se encierra en sus propias ideas. Mil orejas no es un libro para sordos, sino una obra sobre las personas con discapacidad auditiva, sobre su forma de «oír» gracias a las «mil orejas diminutas» que tienen «regadas por todo el cuerpo».

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