Cuando nací, las Hadas Madrinas llegaron para tatuar mi nombre. Mi madre (la Reina) lloró secretamente al descubrir que el trono tendría una heredera femenina: yo, una niña con cabellos color de remolacha y pocas intenciones de ser una princesa de esas que se aburren soberanamente. Mi infancia transcurrió entre nodrizas, dobles primas trillizas, banquetes y pálidas muñecas. Pero también hubo otra educación: la de la Pitonisa Astrónoma. Ella me entregó tres objetos y argumentó que yo sabría cuándo y cómo usarlos. Después me di a la fuga. Conocí al Joven del Sombrero Azul, a los Muñecos de Nieve, al Mago que les había robado sus nombres y a la terrible Madre del Mago. Y sí, supe cuándo y cómo usar los objetos que mi sabia maestra me había dado...

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SIGLO XXI Nueva Colección HACER HISTORIA

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