Los dedos de Mariel nunca se quedan quietos. Tamborilean. Bajan, suben. Charlan, piensan, discuten. Se asustan. Tocan lo que se les ocurre en el piano, y a cualquier hora. Influenciados por una antigua y misteriosa figura de niebla que habita en el piano, Mariel y sus dedos improvisan unos magníficos conciertos nocturnos. Así, la pianista sonámbula, sus dedos inquietos, el fantasma del señor antiguo y otros alguienes de niebla deslumbran a la familia con nuevas invenciones, con una música enrulada que parece el sonido de la sonrisa de la luna. ¿El arte será eso, una cosa que aparece entre sueños, o también durante la vigilia Mariel conseguirá el gran aplauso del público? ¡Dedos a la obra, que ya llega el concierto de fin de año!

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