"El faraón Ramsés ingería grandes cantidades de perejil, su "alimento sagrado" , para purificar sus riñones y disminuir la inflamación de las articulaciones. Alejandro Magno empleaba el aloe vera para cicatrizar las heridas de sus soldados. Y la coqueta Cleopatra, "Reina del Nilo", que hizo famosos los baños en leche de burra para aterciopelar su piel, fue también una precursora en cosmética botánica: teñía sus cabellos con henna y se perfumaba con extracto de menta al momento de seducir a sus presas amorosas. Las plantas aromáticas han estado siempre relacionadas con Oriente y con el exotismo; los egipcios y babilonios fueron los primeros en crear jardines para cultivarlas y emplearlas en la cocina, la elaboración de ungüentos y aceites de belleza. Sin embargo hoy, los laboratorios farmacológicos y cosmetológicos y los emporios de la alimentación han profanado las esencias más naturales en el afán de vender "salud y estética express" a un precio donde los efectos secundarios y las contraindicaciones es lo único que se sobrevalúa. Mi abuela Emilia, una campesina sabia y coqueta a quien dedico este libro, tenía su propio parque de plantas aromáticas. Fue ella quien me enseñó a reconocerlas y la primera en hablarme de sus bondadosas propiedades para curar y rejuvenecer. Emilia sanaba mis resfriados con baños de vapor y el poder de las hojas de eucalipto medicinal, el expectorante vegetal más eficaz para combatir las enfermedades de las vías respiratorias. Seguramente, la mayoría ya conoce los beneficios de esta planta, pero mi abuela era una adelantada e iba mucho más allá: cultivaba, por ejemplo, borraja (una planta humilde del Mediterráneo, hoy empleada por los chefs europeos como verdura de lujo), que utilizaba en infusiones para hacerle frente a todo tipo de enfermedades por su gran riqueza en provitamina A, vitamina C, beta-carotenos, aceites omega 6 y 9, sales de potasio y fibra. Y, cada noche, la veía mezclando palta con leche de pepino para hacer su propia máscara anti-arrugas. De eso habla este libro: de conocer y aprender las propiedades y provechos de cada planta para aplicarlos en la vida diaria a modo de cura y prevención. Las 100 tisanas que he preparado son la base piramidal para que nuestra salud y nuestra estética se sumen a la revolución wellness. Así, podremos trasmitir la sabiduría nata de la naturaleza de generación en generación. Como lo hizo mi abuela. Como lo estoy haciendo con usted. Como deberíamos hacerlo todos con nuestros sucesores. Porque podemos cambiar la salud futura de la sociedad desde las costumbres más sencillas, creando una humanidad más sana, natural, vital, solidaria, inteligente y longeva. Les entrego entonces, las tisanas éxito de la medicina ancestral: el elixir de vanguardia". Rubén Mühlberger

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