Este libro propone un encuentro entre la narrativa para chicos y la obra de Florencio Molina Campos. Su autora, Didi Grau, ha decidido presentar las pinturas del artista argentino de una manera singular: creando una historia por cada cuadro. Para transmitir con palabras las estampas de este pintor, inventó un personaje de campo, abuelo y contador de cuentos, que evoca a los narradores orales, a la vez que contribuye a la verosimilitud; y pese a que Celestino Peñaloza habla en lenguaje gauchesco ("Pa que se enteren, amiguitos, cuando el que les habla era mozo supo ser payador, el más estrordinario de tuita la pampa") lo podemos entender perfectamente, porque es simple y claro como el agua. Igual que las pinturas de Molina Campos, estos cuentos del abuelo reproducen algunos aspectos propios de la vida cotidiana del gaucho, como la riña de gallos, la pulpería, la doma de caballos, los bailes populares, pero también contienen elementos fantásticos, provenientes de mitos, supersticiones o creencias presentes en el folclore argentino (gualichos o encuentros con el diablo, por ejemplo), todo mezclado con un toque de picardía. Otros recursos humorísticos presentes son la apelación al factor sorpresa y los personajes, casi arquetipos, que lindan con el ridículo y por ello mismo resultan divertidos. Al final, una galería de pinturas de Molina Campos y una cronología de su vida brindan un plus didáctico al libro.

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