Carmina Alonso se casa sabiendo que su suerte está echada. Una casona Tudor en el barrio de Flores, cuatro hijos y un viejo taller de muñecas no alcanzarán para aplacar sus sospechas sin nombre. De hecho, sería un alivio confirmar que las ausencias de su esposo, en las noches de jueves y vistiendo guantes grises, obedecen a una amante. Carmina puede suponer pero no actuar; su resistencia nunca supera el acto de la negativa. Es que el secreto de Loria el Joven -y el de la trastienda donde crea sus suntuosas mujercitas- es demasiado atroz para ser imaginado por nadie. Con esta segunda novela, la primera en editarse, Silvia López indaga en la morbosidad de una época y la confronta con las certezas pasivas del mundo doméstico. Y en el proceso interior de la protagonista, en sus errores de cálculo, hace lugar al gótico inglés dentro de la tradición argentina. ¿Un eslabón costumbrista de nuestro "barroco fúnebre"? Quizá sí, pero la intriga de este thriller tiene la sutileza de una acuarela y sus tonos la acercan a Sara Gallardo y Adolfo Bioy Casares. Qué suerte saludar la llegada de esta nueva novelista, que comienza su camino con el desparpajo de una autora joven y la seguridad de la lectora empedernida. Matilde Sánchez

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