Lo primero que se me vino a la cabeza -y a la sensibilidad- mientras leía este libro fue la idea de una noche afrutada. Lo suave y lo cálido. Lo palpable, degustable, olfateable. Continuidad y firulete. Se dice que publicar poesía infantil es una apuesta por parte del editor porque, sigue diciéndose, es un género que no cuenta con tanta aceptación como la narrativa. Particularmente estoy en total desacuerdo con esto dicho por ahí; pero si se habla de una apuesta pienso que en Gajos de mandarina se profundiza, ya que la poética de Laura Quirós no es del estilo tradicional. Festejo, entonces, el buen ánimo de sus editores. Son 19 poesías en las que un yo poético exhibe una mirada a veces contemplativa y otras veces narrativa, siempre marcada por la ingenuidad -una mirada despojada, quizás- y por las formas de una experiencia de escritura marcada por la teoría literaria. En esta práctica literaria que se genera en el cruce entre inocencia y programa literario, se configura una voz que va revelando al mismo tiempo, como si se tratara de dos caras de una moneda, la pequeñez y la grandeza de las cosas, lo visible y lo oculto. Las ilustraciones de Natalia Colombo recalcan la magnitud del plano de delicadeza de los textos, quizás confirmando la edad de los destinatarios. Que los editores hayan convocado a Natalia Colombo para este proyecto me parece un gran acierto. Su estética marca la posibilidad de un ritmo para que la poesía textual se entrelace con la imagen en la totalidad de la página. Y construye, entonces, un espacio enteramente poético para fundar sin extranjería, por ejemplo, una luna que se abre en gajos de mandarina, una luna que se abre en ríos y tiene gusto a cereza.

Ultimos vistos

El blog de boutique

SIGLO XXI Nueva Colección HACER HISTORIA

@page { margin: 2cm } p { margin-bottom: 0.25cm; direction: ltr; line-height: 120%; text-align: l.. Seguir Leyendo
Desarrollado integral del sitio: TAP