Enfrentar todos los sábados a un perro loco de furia cuando uno es un niño y está solo es aterrador. Pero si, además, todo el mundo está convencido de que ese perro furioso no existe, ¡entonces es absolutamente aterrador! David no puede elegir. Como nadie quiere ayudarlo, deberá enfrentar él solo su miedo, sino sus sábados serán una pesadilla para siempre?

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