Los Separadores De Minimalia

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Cuando en México apocalípticas encuestas señalan que el índice de lectura está cercano al cero absoluto, los separadores, en cambio, viven una época de abundancia. Extraña cosa, porque se sspone que sirven para indicar dónde, por cualquier razón, se ha interrumpido la lectura de un libro al que se quiere regresar después. Una lógica imperturbable señalaría que, si cada vez se lee menos, debería haber menos separadores. Pero no, aquí están los de Eko y Minimalia, por ejemplo. Al tratar de explicar por qué lo hacen, el primer motivo que me viene a la cabeza es la ilusión que comparto con ellos y que encarna la confianza en esa cultura que se sustenta en la letra impresa: al separador le crece un libro y al libro un lector. Por eso Eko dibuja y acompaña el dibujo una cita, como si fuera una semilla o un anzuelo para emprender la lectura y -desde luego, como haceen sus votos ekologistas-, una relectura. En los dibujos de Eko, más que un motivo, la pluma es un personaje en las alas de sus ángeles o en las manos de ese ser que, por tenerla en la mano, es llamado escritor. Una constante en las citas elegidas, que son una prolongación del dibujo, es recordarnos que la lectura expresa una relación a la vez excpecional y cit}}otidiana -cuando una experiencia es única resuelta, por lo mismo, compartible-, y que cuando se interrumpe debe prolongarse en otra. El separador establece entonces una red de intenciones cómplices. Así, cada separador es una botella al mar de la página impresa, una ventana al senrido del diálogo que entre todos -libors, escritores y lectores- llevamos a cabo en el entramado del tiempo. Digamos que, para Eko, el separador puede ser un intermitente segundero en el reloj de las letras. Por eso es un acto de fe, en el que sus separadores vuelven creativo el acto, siempre cruel, de interrumpir la lectura de un libro, y resultam, más que una interrupción, una sugerencia. El conjunto forma una extraña baraja donde el azar juega su juego. El artista piesna el mazo para no jugar el póquer sino para que el libro no se sienta abandonado para siempre. Se le deja por unos minutos o unos días con la promesa de volver, de reencontrarse en el mismo lugar. Va, pues, mi separador en prenda. Hay que repartir las cartas y hacer el juego, poner la apuesta sobre la mesa con la convicción -de Eko,de Minimalia- de que la lectura es un acto lúdico que nunca debe abandonarse, si acaso, interrumpirse. El separador es un testigo de las manos y los ojos que estuvieron sobre la página, una huella distinta del subrayado o la nota al margen. Por eso no deja de ser curioso que llamemos separador a lo que en realidad es un puente bajo el que corren, como un festivo caudal entre las orillas de una misma lectura, los dibujos y las citas que Eko nos entrega. José María Espinasa

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