Delitos Contra La Administración Pública

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Los delitos contra la Administración Pública tienen hoy un papel significativo y determinante en el prestigio o desprestigio de la administración de justicia. Tal vez igual, incluso mayor, piensan algunos, que aquel asignado a los delitos violentos, pues no puede olvidarse la contundente enseñanza acerca de que una deficiente administración oficial genera y multiplica la violencia, en la medida en que ciertos administrados pretenden retomar la justicia por su cuenta, espiral que va ascendiendo, cuando además para librarse de imputaciones algunos laceran moral y físicamente a los jueces y autoridades, sirviendo la corrupción como pretexto para la reacción, a modo de tropelías en búsqueda de reivindicar el estado de naturaleza de todos los terrorismos de izquierda y de derecha.Una estable y eficiente Administración Pública, signada por los principios de un Estado social y democrático de Derecho, es el mejor instrumento para la configuración de una realidad social propicia para el libre desarrollo de la personalidad, aquel clima de oportunidades para que el ser humano libere sus potencialidades y descargue institucionalmente sus desesperanzas, preocupaciones y frustraciones, en un ámbito de canalización formal-institucional, vertido en respuestas racionales-razonables, previsibles, controladas y previamente diseñadas por el Estado.Tal bien jurídico, sostén mismo del sistema político y social, muy a pesar de que media como instrumento en la consecución aseguramiento y garantía de aquellos bienes de naturaleza personal, política y social derechos fundamentales de autonomía, democráticos y de prestación-, toma en el Estado moderno una sin igual y significativa importancia que reclama por la doctrina y jurisprudencia un tratamiento racional y sistemático de las conductas que lo afectan, en búsqueda de que se materialicen aquellas expectativas cifradas en su adecuada protección, a fin de cumplir con aquel postulado que Klaus Adomeit asigna al positivismo jurídico y que en el sentir de los autores pule, lustra y configura como un la ciencia jurídico-penal: solidez en la aplicación del Derecho, cálculo de las decisiones futuras. Compulsión para la objetividad del juez. Seguridad de que no se tienen que compartir las convicciones del juez para mantener los derechos a salvo.Una estable y eficiente Administración Pública, signada por los principios de un Estado social y democrático de Derecho, es el mejor instrumento para la configuración de una realidad social propicia para el libre desarrollo de la personalidad, aquel clima de oportunidades para que el ser humano libere sus potencialidades y descargue institucionalmente sus desesperanzas, preocupaciones y frustraciones, en un ámbito de canalización formal-institucional, vertido en respuestas racionales-razonables, previsibles, controladas y previamente diseñadas por el Estado.Tal bien jurídico, sostén mismo del sistema político y social, muy a pesar de que media como instrumento en la consecución aseguramiento y garantía de aquellos bienes de naturaleza personal, política y social derechos fundamentales de autonomía, democráticos y de prestación-, toma en el Estado moderno una sin igual y significativa importancia que reclama por la doctrina y jurisprudencia un tratamiento racional y sistemático de las conductas que lo afectan, en búsqueda de que se materialicen aquellas expectativas cifradas en su adecuada protección, a fin de cumplir con aquel postulado que Klaus Adomeit asigna al positivismo jurídico y que en el sentir de los autores pule, lustra y configura como un la ciencia jurídico-penal: solidez en la aplicación del Derecho, cálculo de las decisiones futuras. Compulsión para la objetividad del juez. Seguridad de que no se tienen que compartir las convicciones del juez para mantener los derechos a salvo.Tal bien jurídico, sostén mismo del sistema político y social, muy a pesar de que media como instrumento en la consecución aseguramiento y garantía de aquellos bienes de naturaleza personal, política y social derechos fundamentales de autonomía, democráticos y de prestación-, toma en el Estado moderno una sin igual y significativa importancia que reclama por la doctrina y jurisprudencia un tratamiento racional y sistemático de las conductas que lo afectan, en búsqueda de que se materialicen aquellas expectativas cifradas en su adecuada protección, a fin de cumplir con aquel postulado que Klaus Adomeit asigna al positivismo jurídico y que en el sentir de los autores pule, lustra y configura como un la ciencia jurídico-penal: solidez en la aplicación del Derecho, cálculo de las decisiones futuras. Compulsión para la objetividad del juez. Seguridad de que no se tienen que compartir las convicciones del juez para mantener los derechos a salvo.plus la ciencia jurídico-penal: solidez en la aplicación del Derecho, cálculo de las decisiones futuras. Compulsión para la objetividad del juez. Seguridad de que no se tienen que compartir las convicciones del juez para mantener los derechos a salvo.

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