Fusilados al amanecer fue el primer título que pensó Rodolfo Walsh, a mediados de marzo de 1957, para el libro en el que se proponía difundir su investigación de los fusilamientos ilegales de un grupo de civiles ocurridos en la madrugada del 10 de junio en un descampado de José León Suárez. El objetivo era esclarecerlos y denunciar la responsabilidad del teniente coronel Desiderio Fernández Suárez, jefe de policía de la provincia de Buenos Aires, y del gobierno de facto de Pedro Aramburu e Isaac Rojas. La escritura de Rodolfo Walsh parece estar movida por el sueño secreto de un cartógrafo lúcido y tenaz, que convencido de la inestabilidad del sentido del trazo no concibió su empresa como un sueño individual sino como un proyecto que se propone provocar en los lectores movimientos incesantes de perpetua inquietud. Esa es la perspectiva en la que Roberto Ferro se sitúa al volver a leer Operación Masacre en los primeros años del siglo XXI. Se propone, asimismo, reflexionar sobre una distinta circulación de los textos que es una marca de época y, paralelamente, sobre la perturbación que su obra produce en el sistema de periodizaciones y taxonomías que la crítica literaria establece, lo que conlleva la ampliación del campo de significación a un tejido abierto con múltiples articulaciones. Hoy la lectura crítica de Operación Masacre abre la posibilidad de diseñar otros dispositivos de interpretación que revisen el entramado de tensiones que atraviesa y vincula literatura y política, por una parte, y ética y estética, por otra.

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