La colección Clásicos de Argentores retorna su contacto con el lector a través de un guión del cine clásico argentino, el de Las aguas bajan turbias. Se trata de un texto difícil de hallar, casi ausente en los archivos de material cinematográfico local, y es un ejemplo clave de la escritura para la pantalla sobre los tradicionales modelos de redacción guionística, en la época de nuestro cine industrial. El film de Hugo del Carril, escrito para la pantalla por Eduardo Borrás, con la colaboración del novelista Alfredo Varela, es una obra emblemática. Admirador del texto narrativo de Prisioneros de la tierra (1939, Mario Soffici), Del Carril baja del mito de los mensúes del yerbatal a la realidad y se impone con una película colmada de verdades, realista y poética a la vez, una protesta casi sin tiempo -universal, deberíamos decir-, donde los valores humanos son exaltados por las imágenes y por el sentido social y político que le llega desde el inolvidable relato original de Alfredo Varela (El río oscuro). El historiador Claudio España se refiere al texto fílmico y al literario en un estudio preliminar.

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