Palabras como semiótica y semiología se han vuelto habituales en el habla cotidiana tanto en periódicos como en medios académicos. Hay semiólogos que se han convertido en novelistas y comentaristas que emplean conceptos o palabras del vocabulario semiótico. Este libro apunta a clarificar términos de la semiótica desde la perspectiva de uno de sus fundadores: el filosofo estadounidense Charles Sanders Peirce. En vida fue apartado de los ámbitos académicos oficiales, cuyos popes lo juzgaron de modo lapidario. Su obra fue publicada póstumamente y buena parte de ella aún se está organizando. El mundo para Peirce aparece conformado por una malla de representaciones y de signos. Nos representamos realidades que no conocemos cabalmente pero las imaginamos, y lo hacemos con signos de diverso tipo con los que operamos diariamente. Nos manejamos con habilidad en un universo cada vez más acosado por ellos. Los signos y sus representaciones imponen interpretaciones. La interpretación es la llave maestra de una disciplina que todavía hoy tiene un horizonte vasto y casi inabarcable. De eso habla Peirce. Ésa fue su obsesión. Ella le produjo un éxtasis productivo: diseñó clasificaciones, categorías, tipos, para analizar los signos con un nivel tal de detalle que terminó organizando una maquinaria potente, dinámica y rigurosa. De todas estas cuestiones trata este libro que pretende ser una introducción a la obra de este visionario.

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