Algunas generaciones atrás, cuando la industria del entretenimiento se encontraba bastante menos diversificada que hoy, la lectura de las obras de Emilio Salgari y de Julio Verne era una cita casi obligada para jóvenes (y no tan jóvenes) deseosos de quedar atrapados en el vértigo del relato de una aventura. Estos dos autores recrearon, a mediados del siglo xix, la fórmula de encadenar peripecias con un ritmo creciente, con enigmas que se van perfilando pausadamente por detrás de la sucesión de las acciones, y -antes del surgimiento del cine- con escenarios que son presentados ante el lector en la plenitud de sus detalles, a través de descripciones en las que la desmesura y el exotismo se dan la mano con la precisión enciclopédica y el afán de mostrar al narrador como una persona que ha recorrido varias veces el globo. Emilio Salgari realizó apenas una única travesía por el Adriático. Pero pudo ser un aventurero a través de la literatura: una de sus obras más conocidas es la serie de once episodios de Sandokán, de la cual forma parte El rey del mar y la serie de aventuras marítimas del Corsario Negro. Las aventuras de Sandokán, el valeroso pirata y sus fieles amigos y compañeros fueron parte de la infancia de varias generaciones. Sandokan, el rey del mar es una aventura inolvidable a territorios exóticos y se ha convertido ya en un clásico de la literatura universal.

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