Tener la valentía de hablar de "violencia silenciosa" es como emprender la titánica tarea de convencer a los habitantes de una bonita ciudad, de que bajo sus calles arregladas, sus árboles podados, sus plazas florecidas, sus luces de colores, hay un riacho sucio y devastador que está comiendo sus cimientos; y que trabaja constante y silenciosamente y lo seguirá haciendo -si nadie se ocupa con seriedad de ello- hasta que un día todos los bellos hogares y sus jardines se hundan en el lodo. Es una imagen espantosa, ¿verdad? Pues la vida está plagada de grietas en las que se filtra la violencia en sus varias formas, tanto que hay innumerables acciones que -lastiman a los más débiles, que son aceptadas con normalidad y se reconocen cotidianas y aceptables. La escuela no escapa a esta realidad, la institución que debería ser lugar de acuerdos, encuentros y preservación, no ha llegado a dar luz sobre estos temas de imperiosa urgencia. En estas páginas, Alejandro Castro Santander nos ofrece la luz necesaria para descubrir la epidémica violencia que se cuela en nuestras vidas y que deteriora nuestras personas, trabajos, relaciones y familias. Ver la violencia cara a cara nos enfrenta a una realidad que ineludiblemente nos llama a cuidar a nuestros niños con más pericia y coraje.

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