Cada ciudad tiene sus fantasmas y cada medianoche, quienes la caminan. Así, una medianoche especial en una ciudad bien predispuesta puede ser el momento ideal para encuentros mágicos, de esos que escapan de las reglas diurnas para entregarse a la deriva de los tiempos y las leyes de un sueño. Eso es un poco lo que pasa en Medianoche en Buenos Aires, la obra en la que Gabriel Rolón y Teresa Castillo le rinden tributo al genial Woody Allen al tomar prestada la idea de su película Medianoche en París para trasladarla al empedrado porteño. Entonces, lo que sucede es sencillamente maravilloso: una galería de personajes se despliega ante la mirada atónita de un caminante que puede charlar mano a mano con Jorge Luis Borges, Federico García Lorca, Carlos Gardel, Armando Discépolo, Homero Manzi, Sigmund Freud, Horacio Castillo y hasta con el mismísimo Allen. Sin embargo, hay algo en Medianoche que lo lleva un tanto más lejos, y es el encuentro del protagonista con él mismo cuando era niño; así entonces se miran cara a cara ese adolescente lleno de futuro con el hombre de cincuenta que ya sabe algo más de los golpes de la vida. Y la música, siempre la música interpretada en vivo por Rolón, Castillo y Federico Mizrahi, que está allí para decir lo suyo en donde las palabras no llegan o, simplemente, no alcanzan. Medianoche en Buenos Aires es una obra intensa e inteligente, humana hasta el extremo y no por eso exenta de humor. Un relato musical que homenajea el recuerdo, a la memoria de aquello y aquellos que se anclan en el corazón para ser parte de un tiempo que es todos los tiempos: ayer, hoy, mañana, siempre.

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