Antonio Skármeta nos entrega en Libertad de movimiento (Sudamericana, 2016) un conjunto de once cuentos en los que predomina la situación de traslado. Los personajes viajan de un lugar a otro, dentro de su propio país o, con más frecuencia, entre países. Diversos son los motivos: exilio por cuestiones políticas, necesidad de mejor oferta laboral, retorno a la patria. Todas situaciones habituales en el mundo actual, de distancias tan acortadas. En esas movidas a veces se incluyen niños, para los cuales el desarraigo y la reaclimatación, al ser arbitrarios, pueden resultar más difíciles. En un caso ("Ejecutivo") se trata de otro tipo de traslado: de un cargo de empleado, a otro -falso- de nivel directivo. El protagonista se lanza a experimentar los privilegios de un rol de poder que siempre ha envidiado: "ese derroche de lujo hecho para otro, no para él". Hasta que la realidad lo sacude con un violento cachetazo. Estos relatos evidencian sobradamente la habilidad del autor chileno, que -más allá de incurrir en desajustes dialectales cuando reproduce el habla del Río de la Plata- sabe cómo llevar de viaje al lector, sabe cómo sorprenderlo, cómo conmoverlo. Diana Raschelli de Ferraris

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