En una noche desolada y fría de pleno mes de julio, Paloma escribía en su cuarto, frente a la ventana orientada hacia la plaza Alsina. Desde allí vio a una mujer sentada en un banco, leyendo un libro a la luz de un farol. La mujer llevaba un sombrero extraño, alto, de un azul intenso. Un sombrero antiguo. Ella también se veía como de otra época. Paloma no podía dejar de mirarla: la mujer allí sentada era una presencia inquietante y misteriosa, que parecía llamarla. Una novela apasionante en la que una joven logra desentrañar una compleja historia de ambiciones y engaños.

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