A través de las páginas de este libro, el lector podrá enterarse del particular modo de vida que significaba habitar en un pasaje. La palpitante intimidad de esos pequeños mundos enclavados en la ciudad, que pocos conocen aunque muchos se refieren a ellos como si así fuese. Nos enteramos aquí de quienes fueron los personajes con cuyos nombres fueron bautizados los pasajes, y de por qué algunos perdieron su denominación primera. De la lectura de este trabajo se desprenden las añoranzas del autor, que luego de visitar e investigar sobre cada uno de los lugares, dejó volar su imaginación, ambientándolos en épocas quizás ajenas a sus orígenes, pero que de alguna manera reflejan al fin la nostalgia esencial del porteño por un modo de vida más sereno, personal y, en definitiva, que no nos sumerja en un estéril anonimato que anule toda posibilidad de compartir la vecindad.

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