Las Narraciones extraordinarias (1840) dan comienzo a la mejor etapa de Poe como narrador. Los temas que constituyen el volumen ponen de manifiesto los intereses en la mente del escritor. Por un lado, lo grotesco, es decir, lo fantástico, como el cuento de los locos (El sistema del doctor Alquitrán y del profesor Pluma) y, del otro, los relatos de tema "arábigo". En 1843, Poe asombra a los lectores con Los crímenes de la rué Morgue y El hombre de los restos, dos relatos espléndidos por su factura y por el concentrado Ínteres de sus escenas. Poe, entonces, se puso de un salto a la cabeza de los narradores de intriga; de hecho, capitaneó a los autores de novelas policiales. Es muy difícil que Gaboriau, Leblanc y el moderno Simenon, así como Conan Doyle, Wallace y Agatha Christie hayan podido superar la tensión creciente en Poe. Podría acaso hallarse paralelo en Hoífmann. Es que la fantasía de Poe, como la de De Quincey y Baudelaire (su traductor al francés), y más tarde la de Wilde y Kafka, poseía recursos extraordinarios.

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