El libro que el lector tiene en las manos es una obra literalmente monstruosa, apunta Eduardo Gruner, autor del prólogo especialmente preparado para esta edición. No se trata simplemente de su extensión; tampoco del hecho de que, pensada originalmente como prólogo a las obras completas de Jean Genet, terminó casi sobrepasando el volumen total de páginas de dichas obras, con el efecto de que ellas son hoy inseparables sin el suplemento de lectura que les proporciona este libro... de modo que no podemos, hoy, leer a Genet sin invocar a Sartre. Pero si Genet no hubiera existido, Sartre lo habría inventado; para alguien como Sartre, obsesionado por desentrañar las contradicciones de un alma, una figura como la de Genet tenía que ser fascinante: un delincuente, mentiroso, homosexual sadomasoquista que al mismo tiempo es un extraordinario escritor, un espíritu brutalmente exquisito, un santo y mártir al revés que se hace apóstol del Mal, un místico de los infiernos.

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