En todas las sociedades desarrolladas, la soledad se ha convertido en un fenómeno social de creciente importancia. Paradójicamente, las interacciones entre individuos son permanentes e incluso invasivas, pero una gran cantidad de personas experimenta un doloroso sentimiento de aislamiento. Y al mismo tiempo, muchas otras toman la decisión de vivir solas. En este libro, la psicóloga Marie France Hirigoyen muestra que esta realidad es fruto de una profunda mutación en las relaciones entre hombres y mujeres que aún no ha llegado a su fin. A pesar de que las mujeres han obtenido una nueva autonomía, tanto en el trabajo como en la sexualidad, su independencia todavía no se ha integrado plenamente en las mentalidades. De ahí la crisis de los papeles masculino y femenino y la precarización de los vínculos íntimos: un matrimonio de cada dos acaba en una ruptura, sobre todo por iniciativa de la mujer. Asimismo se comprueba un endurecimiento de las relaciones en la pareja. Y el sobreesfuerzo que requiere la relación amorosa va acompañado por una práctica creciente de la "pareja en contrato temporal". En realidad, como explica Marie France Hirigoyen, la soledad puede aportar energía e inspiración: a cualquier edad, la soledad escogida, sin dejar de estar disponible para el otro, es una fuente de plenitud, un medio de salir de la superficialidad de una sociedad dominada por el narcisismo y el culto a los resultados.

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