Muchas veces se rechaza la idea de escribir bajo demanda como si la obra fuera a ser menos genuina o más superficial. Sin embargo abundan los ejemplos que prueban que no necesariamente es así. Es el caso de Alicia en el país de las maravillas. La primera vez que Lewis Carroll narró la historia de Alicia fue un cuatro de julio de 1862, en un bote sobre el río Támesis. Carroll y las tres hermanas Liddell eran todos los pasajeros de ese bote, y las niñas no pararon de pedirle al único adulto presente que les contara un cuento. Tomando el nombre de una de las hermanas, se disparó la célebre historia. La publicación llegó en 1865 y, en 1971, la segunda parte de la historia, tal vez más vertiginosa que la primera. Carroll tenía una vida muy estable, era la época victoriana, y desde esa realidad desplegó lo inestable: los espacios se alteran, el cuerpo crece y se achica, el lenguaje se reinventa y las palabras cargan, a veces, otros significados, como si fueran valijas a las que se les puede cambiar el contenido. Nada es, aquí, lo que se espera que sea. A 164 años del nacimiento de Alice Liddell (4 de mayo de 1852/ 15 de noviembre de 1934). Lumen, 2016

  • Editorial: EDITORIAL LUMEN
  • Paginas: 216
  • Edición: 2016
  • Idioma: Español
  • ISBN 9788426444141

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