Trauma De Alta Energía

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El trauma de alta energía es una condición clínica que potencialmente amenaza la vida. La mayoría de los pacientes son adultos entre 20 y 30 años de edad. La OMS lo ha reconocido como un problema de salud pública. Desarrollos recientes en varias disciplinas médicas han ampliado el entendimiento de los eventos que regulan la reacción fisiológica inmediata y eventos subsecuentes consecutivos al trauma. En el nivel molecular, células y mediadores interactúan mientras el pa¬ciente entra en un estado de crisis fisiológica. Todos estos procesos fisiológicos representan los intentos corporales por mantener la homeostasis. Principios fundamentales para el buen manejo de estos pacientes incluyen el soporte oportuno de funciones orgánicas vitales en la escena del accidente, el re¬conocimiento de lesiones potencialmente letales en el área de estabilización? trauma?choque, la formulación de prioridades graduadas y la aplicación de pro¬cedimientos quirúrgicos apropiados. Claramente, hay mejoras continuas en cada uno de estos pasos de la vía del manejo del paciente con trauma de alta energía, de la prevención, de la pronta transferencia al hospital, la reanimación, las inter¬venciones quirúrgicas, el soporte orgánico en la unidad de terapia intensiva, la rehabilitación temprana y los procedimientos de reconstrucción tardíos. Las medidas de seguridad en el transporte de pacientes, con ambulancias y he¬licópteros, han desviado las causas de mortalidad del choque hemorrágico severo y la insuficiencia respiratoria como causas primarias a causas secundarias en la unidad de terapia intensiva, donde se observa una respuesta inmunoinflamatoria incontrolable, inmunoparálisis y sepsis como causas de mortalidad. La ultrasonografía (FAST) y la tomografía computarizada multidetectora han facilitado el diagnóstico rápido en dos a cuatro minutos; se ha posibilitado la radiología intervencionista, como la embolización de los vasos, sin necesidad de intervención quirúrgica inmediata, de tal manera que las lesiones del anillo pélvico y las de órganos sólidos pueden ser manejadas exitosamente. Nuevas estrategias se han desarrollado en términos de reanimación de las víc¬timas de trauma. El concepto de reanimación de control de daños ha sido deriva¬do de la experiencia durante el conflicto militar en Irak y Afganistán, y combina dos conceptos: hipotensión permisiva y reanimación hemostásica en asociación con cirugía de control de daños. En la escena del accidente los líquidos intraveno¬sos administrados son restringidos a pequeños volúmenes para mantener el pulso radial, mientras que la reanimación hemostásica recomienda el uso temprano de hemoderivados para revertir la coagulopatía traumatizada y dilucional. Agentes como el ácido tranexámico y el factor VII activado recombinante también pueden ser benéficos. Tal enfoque, ya probado en el ámbito militar, no ha sido plenamen¬te aterrizado en el medio civil. Las técnicas quirúrgicas de invasión mínima y el desarrollo de instrumental quirúrgico podrían tener una influencia en el escenario descrito, en términos de reducir el impacto del ?segundo hit? (trauma inducido por el cirujano) sobre el estado fisiológico global del paciente. La buena organización y la infraestructura de un sistema de salud pueden abas¬tecer eficientemente los componentes fundamentales que son necesarios para una rehabilitación rápida para estos pacientes y su reincorporación a la sociedad y a la familia. En la actualidad la aplicación de la genómica, la farmacogenómica y la bioin¬formática en el manejo del trauma es mínima. La utilización de marcadores de lesión endotelial puede ser una herramienta válida para cuantificar el grado de respuesta inmunoinflamatoria, previniendo complicaciones como el ARDS y el MODS. Asimismo, es deseable identificar y cuantificar con más sensibilidad y especificidad mediadores endocrinos, inmunitarios y hematológicos que facili¬ten manipular la crisis fisiológica ya anotada. En este contexto, el autor y sus colaboradores tratan, con esta interesante obra, de optimizar el monitoreo, el diagnóstico y el manejo de este tipo de enfer¬mos, que habitualmente se encuentran en etapa laboral, social y familiar plena¬mente productivas. ¿Qué más se puede hacer para el futuro? Convencer a los ad¬ministradores de la salud, a nivel regional y nacional, de la importancia de esta epidemia, para que se proporcionen más presupuestos para prevención, y educa¬ción al público, divulgando el conocimiento mediante libros como Trauma de alta energía que siempre serán bienvenidos por la comunidad médica.

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