Cirugía..., Sudor Y Lágrimas

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El lector tiene en sus manos una pequeña obra con una rara y única perspectiva sobre la cirugía, la del humor. La caricatura, una representación de la imagen mental conjurada por el residente quirúrgico en entrenamiento en reacción a un comentario, mandato o crítica que más o menos de manera explosiva recibió de un superior en algún momento. La transformación jocosa es un mecanismo de supervivencia, no como negación o antítesis del consejo, sino como introyección azucarada del mismo. ¿Por qué sudor? ¿Por qué lágrimas? ¿Es que es parte de la cirugía este ambiente aparentemente hostil y totalitario? No, no es hostil ni es totalitario, pero sí es extremadamente tenso y disciplinario. Lo que confronta el cirujano en su vida diaria a intervenir dentro de un cuerpo enfermo genera tensión, la cual el residente tiene que aprender a controlar para poder realizar sus tareas en forma efectiva. La situación requiere aún mayor temple y control cuando la condición física del paciente es muy grave, bien sea por infección, hemorragia o pérdida de funciones vitales, como ocurre con frecuencia en las peritonitis, las gangrenas, la cirugía complicada de corazón y pulmón, los traumatismos graves, los pacientes con fallo cardiaco, hepático o renal, etc. El temple y el control se enseñan y se aprenden. El maestro simultáneamente enseña conocimientos y técnicas para controlar las situaciones difíciles, ilustra con su ejemplo la armoniosa interacción que debe existir con el personal de sala de operaciones y en especial el personal de anestesia, y le demuestra al discípulo cómo controlar sus propios miedos y tensiones para llevar a cabo su tarea efectivamente. El contacto con el maestro es esencial en el quirófano, en la anestesia y en la habitación del paciente después de la cirugía. El lazo entre maestro y discípulo es semejante al del padre con el hijo, donde el padre enseña con su ejemplo y sus palabras, conocimientos, destrezas, actitudes y valores para que en el futuro su hijo sea independiente. Igual en cirugía. Además de las destrezas, habilidades y conocimientos teóricos modernos, el maestro deberá enseñar la autocrítica para que el joven cirujano aprenda a valorar su obra en forma independiente; la autodisciplina física, mental y profesional para las extraordinarias demandas que requiere la cirugía prolongada y difícil, incluyendo la cirugía nocturna, y la auto?enseñanza para que el joven cirujano se convierta en su propio maestro. Y por eso se llama ?Cirugía..., sudor y lágrimas?, por lo que cuesta aprender la disciplina, aprenderla bien para justificar la confianza que el paciente y la sociedad imponen sobre sus hombros. En la actualidad la formación profesional del cirujano ocurre después de graduarse como médico de la escuela de medicina y pasar por un largo periodo de entrenamiento, arduo trabajo físico y mental, prácticamente viviendo en el hospital (de ahí el nombre de ?residente?). Durante esta etapa la retribución económica por su trabajo es mínima, se sufren hambres, desvelos, frustraciones en su trabajo y en su vida personal, con privaciones sociales y en ocasiones pérdida de amistades, pero todo ello soportado por una motivación ¡Quiere ser cirujano! ¿Por qué una formación tan intensa y difícil? Porque la sociedad le permite licencia al cirujano para cortar y entrar a un cuerpo, ejercer una cura y salir de éste con el menor daño posible. En esencia, pone la vida en sus manos. Por eso la formación requiere del desarrollo de destrezas, conocimientos y actitudes esenciales de autodisciplina, autocrítica y autoenseñanza. Pero, ¿quiénes son los que lo van a guiar y a transmitir el cúmulo de conocimientos adquiridos durante tantos siglos? Todo cirujano ha sido formado por otro cirujano, su maestro en cirugía. Con él el joven residente convive intensamente, aprende de él, lo imita, lo respeta, lo admira, quiere ser como él, pero en muchas ocasiones también lo rechaza, lo evita, lo critica y murmura de él: ¿por qué esto último? Los momentos que un residente convive con su maestro, en la intensidad de la sala de operaciones o en situaciones clínicas, son únicos. Durante ellos le son dirigidas al joven residente palabras de apoyo, aliento y, aunque pocas veces, de felicitación. Pero también hay palabras que hieren, ofenden, degradan y humillan, lo que causa un gran impacto en la formación del cirujano. Este libro es la recopilación de expresiones y vivencias aportadas por compañeros cirujanos con los que recientemente hemos convivido en encuentros académicos con el fin de mejorar la educación quirúrgica en México. Para cada cirujano el comentario aportado significa un momento no olvidado, vivido durante su entrenamiento quirúrgico, en la que el maestro, bajo circunstancias especiales en el quirófano o situaciones clínicas, mostró su ?sentido el humor?, y que años después nos hace recordar a todos esa etapa extraordinaria y única de la vida en la formación de un cirujano, la residencia quirúrgica.

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