Psicología Perioperatoria

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En el contexto médico las emociones, como el miedo, la ansiedad, el enojo y la tristeza, pueden volver a una persona incapaz de colaborar con el personal de salud e incluso perjudicar activamente su tratamiento, así como favorecen la falta de adherencia terapéutica, el aumento del consumo de analgésicos, la negación y la interferencia con la adquisición de información relevante sobre los procedimientos quirúrgicos que el paciente experimentará, lo que a su vez conducirá a un pobre cumplimiento de la rehabilitación posoperatoria y, por ende, desconfianza en el profesional de la salud. Cuando a un paciente se le da la noticia de que será intervenido quirúrgicamente uno de los principales miedos es a la anestesia, pues muchos de ellos tal vez no tengan antecedentes quirúrgicos y otros tantos que ya los hayan tenido quizá vivieron una experiencia nada satisfactoria; en este contexto, una de las emociones más estudiadas ha sido la ansiedad, la cual conduce a un escaso ajuste posoperatorio y en muchas ocasiones es la encargada de que el paciente viva la experiencia como traumática. Es por ello que al considerar la valoración de la ansiedad y los miedos preoperatorios se está teniendo un parámetro importante en la calidad de los cuidados anestésicos, ya que debemos recordar que el anestesiólogo trabaja con personas cuyas emociones facilitan u obstaculizan la eficacia de su práctica. El temor y la angustia son, sin duda, un inconveniente para el médico y el paciente. Otra situación no menos importante es la relación del anestesiólogo con su paciente, es decir, sus habilidades para establecer un vínculo sano que le permita una relación de respeto y confianza, siendo más cálido y amable (empatía), por lo que se hace hincapié en la visita preanestésica (con el tiempo que el paciente necesite para expresar sus dudas o temores), para escuchar y explicar en qué consistirá el trabajo que se realizará en el paciente, lo cual colocará al anestesiólogo como una persona interesada en otra persona, además de disminuir la ansiedad y el miedo. No hay que olvidar que los aspectos psicológicos que acompañan a una intervención quirúrgica han sido y son objeto de estudio, por los efectos que se le atribuyen en la recuperación física y emocional, si bien es cierto que habrá pacientes que no requieran una evaluación psicológica, habrá otros que presenten psicopatologías o tipos de afrontamiento orientados a la emoción que no le permitan tener un papel activo ante el proceso quirúrgico, lo cual dificultaría que el paciente se vincule con su anestesiólogo e inclusive con su cirujano. Debido a todo esto, consideramos que todos los pacientes quirúrgicos deberían contar con el apoyo psicológico previo a la inducción de la anestesia y que pudiesen conocer de manera previa al anestesiólogo, para que lo identifiquen en el momento de estar en el preoperatorio, ya que hay que recordar que hay circunstancias que rodean la intervención y que son desconocidas: personas ajenas, cambios corporales (mutilación), la posibilidad de morir y miedo al dolor y principalmente a la anestesia. Estos dos últimos puntos se relacionan totalmente con el quehacer anestésico. En la actualidad se requiere que el papel del médico anestesiólogo no sólo quede detrás de las cortinas, sino que se enfatice en la importancia de su trabajo en un quirófano y que pueda trabajar de manera multidisciplinaria con psicólogos de la salud que se encargan de valorar y tratar las emociones en el preoperatorio, ya que ambas áreas que parecieran tan dispares confluyen en este punto, con la finalidad de brindar una mayor calidad de atención al paciente quirúrgico. Es por ello que los anestesiólogos están obligados a conocer esta área, que tiene el objetivo de fomentar los mecanismos de adaptación en el paciente hospitalizado. Esto se logra proporcionándole un espacio al psicólogo de la salud para trabajar con el paciente y brindarle el apoyo emocional que requiere y el acompañamiento durante el proceso de enfermedad y de estancia hospitalaria, con el fin de atender sus necesidades bajo una visión integral, en la cual podemos apoyarnos para conocer la psique de los pacientes y ofrecer una atención de mayor calidad y más humanitaria.

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