Los principios del liderazgo son tan simples que se nos
han olvidado por completo. Confundimos la autoridad con
el poder y el respeto con el miedo, lo que lleva a unas
relaciones tensas y recelosas entre jefes y subordinados,
y a un triste resultado: cuando un equipo trabaja para
contentar al jefe, ¿quién se ocupa realmente del trabajo?
Este libro nos enseña que dirigir consiste,
paradójicamente, en servir a los demás, porque un buen
líder está pendiente de sus subordinados para atender a
sus legítimas necesidades, ayudarles a cumplir sus
aspiraciones y aprovechar sus capacidades al máximo. Una
reflexión inteligente que ha servido de inspiración a
numerosos directivos norteamericanos.