Saki es considerado un maestro del cuento, y sus relatos ofrecen personajes sutilmente retratados y tramas magistralmente concebidas con finales sorpresivos. Todos sus cuentos, sean de humor o terror, son un ejemplo de la brevedad y eficacia. Crítico implacable de sus contemporáneos victorianos, rígidos en sus costumbres y apegados a ridículas fórmulas sociales, Saki tomaba asuntos triviales de la vida cotidiana y los narraba con tono cruel que descubría la verdadera naturaleza de la persona y la máscara con que la ocultaba.