Pasear como transformación simbólica del territorio. Deambular como intervención del espacio. Andar como instrumento estético de conocimiento. Caminar como forma de arte autónoma.
Espacios atravesados por un sujeto andante que en su intensa soledad entra en estrecha comunión consigo mismo, con su sombra y con el paisaje. Un paisaje que demanda algo más que una perspectiva de simple espectador y exige una relación estética íntima entre sujeto y geografía, donde la contemplación significa sabiduría y percepción.